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Tuesday, 10 January 2012

Jonathan Pocoví. Camino de la nube.





Jonathan Pocoví



Entrevista a Jonathan Pocoví

3-01-12

El disco de Jonathan Pocoví (1975), Todo lo que quiero, salió en 2007 cuando el autor ya llevaba más de quince años escribiendo canciones. En él se distinguen, además de otros sonidos, una fuerte influencia de la música brasileña y de la música negra norteamericana (soul, funk, swing...). El resultado es un repertorio que hace que te muevas constantemente mientras aprecias la calidad de sus fabulosas y comprometidas letras en castellano. Y es que las canciones de este artista hacen honor a lo mejor de los cantantes y estilos que le han influido y de los que él nos habla durante la conversación. Escuchándole, hemos disfrutado tanto como lo hemos hecho escuchando arreglos de Quincy Jones o el ritmo de Djavan. Queríamos saber un poco más de él.

JD: ¿Cuándo empezaste a componer y quién o qué te animó a componer canciones?

Jonathan Pocoví: Empecé a componer más o menos con quince años, aproximadamente al mes o a los dos meses de empezar a tocar la guitarra. Aprendí a tocar gracias a un tío mío. Nos juntábamos con la familia y él tocaba la guitarra. Mi madre canta muy bien y cantaban coplas. Es algo que guardo con mucho cariño y que te impacta mucho. Yo quería tocar, así que me compró mi padre una guitarra y me hizo prometer que iba a aprender. Empecé a componer en seguida, fue como un impulso.

JD: ¿En qué consistía ese impulso? ¿Te divertía componer?

JP: Yo ya escribía desde bastante pequeño. Me gustaba mucho y lo hacía también como necesidad. Creo que fue por eso que empecé a componer, porque era otra forma de decir cosas, de crear.

JD: ¿Escribías cuentos, poesía...?

JP: Escribía poesía, sobre todo. Desde que recuerdo, la verdad. Posiblemente desde los nueve años o los diez. Aunque no te voy a enseñar nada de aquéllo (risas).


"Yo ya escribía poesía. Cuando aprendí a tocar, empecé a componer como algo natural"

JD: Entonces, desde que cogiste la guitarra lo natural para tí era empezar a escribir canciones...

JP: Sí, era como otro lenguaje de una misma cosa. De enano me gustaba también mucho dibujar y creo que siempre he tenido la necesidad de decir y de sacar cosas. Entonces era una cosa natural. Como que aprendías otro idioma y seguías hablando de las mismas cosas.

JD: ¿Y qué has hecho con todas esas canciones?

JP: Yo es que soy muy perfeccionista y muy obsesivo y muchas cosas las he ido desechando. Tengo cosas grabadas, o por ahí, pero no las retomo. Rara vez he cogido una canción antigua y la he vuelto a cantar. Las dejo ahí en el cajón.

JD: ¿Y no has pensado en hacer algo con ellas? ¿Ofrecerlas a lo mejor a cantantes? ¿Hay alguna que te guste y que tú no la cantarías, pero la moverías por otro lado?

JP: He intentado muchas veces ponerme en contacto con editoriales y lo he visto imposible, nunca me han contestado. Sí que me he buscado la vida por ese lado, pero, o no he conocido a la gente adecuada, o no he sabido por dónde meterme. Al final lo he ido dejando pasar. Entonces, si se me han hecho viejas las canciones a mí, como que he dejado que tranquilamente se murieran. 

Sole Giménez sí supo ver el talento como compositor de  Jonathan Pocoví al elegir su canción 'Algo empieza' para formar parte de su disco La Felicidad en el año 2008.









JD: ¿Qué música escuchabas en esa época?

JP: En esa época, sobre todo Silvio (Rodríguez) y los Beatles. Luego ya empezaron a entrar bastantes más cosas.

JD: Eso es como empezar por la universidad. Lo que pasa es que, claro, también son dos artistas que, siendo complejos, se disfrutan muy fácilmente.

JP: A mí Silvio me dio cosas que yo había estado leyendo, de poesía latinoamericana, del realismo mágico y que en él lo vi musicado. Además, con el punto de mira bien puesto en algo. No era cantar por cantar, sino que era expresar ciertas realidades, cierta forma de ver las cosas. Los Beatles me llegaron por mis hermanos, que tenían los discos, y lo que me llegó de los Beatles fue la energía. Fue ver a esos cuatro tipos en el escenario, en los vídeos, y sentir un subidón. Decir, "¡Ostia, qué pasada!". Había algo mágico ahí arriba. Eso me sigue ocurriendo cuando los oigo. Volviendo a Silvio, por aquélla época yo andaba metido en cosas de voluntariado e historias de estas, entonces me tocaban mucho los temas sociales. Entonces Silvio aunaba poesía, la música que estaba entonces descubriendo, además guitarrísticamente, y ese contenido social, no sé si llamarlo compromiso. Pero sí que era una persona que se conmovía por ciertos temas y te hacía a tí conmoverte también.

JD: Años después te presentaste a dos concursos para cantautores, que ganaste. ¿Te presentaste ya con el estilo que tienes ahora, que tira un poco por el soul? ¿Se puede llamar así tu estilo actual?

JP: Sí... Bueno, puedes llamarlo como quieras. Yo es que prefiero no ponerle nombre. En el disco en realidad hay un poco de todo. Me gusta toda la música y además, yo creo que me aburriría si hiciera sólo funky o sólo música brasileña.


"El hilo conductor de mis canciones son las letras." 


JD: Sí, también hay mucho de música brasileña.

JP: En mi caso... Para mí lo importante son los textos. También la música, la música me encanta y me encanta tocar. Pero me gusta tocar muchos estilos y no sé por qué no se puede hacer.

Hablando de los textos, nos quedamos un poco sorprendidos al escuchar esto, ya que Pocoví es un gran músico y esa faceta suya destaca de manera inmediata al oir sus canciones. Uno imagina que para crear esas melodías y armonías el compositor ha debido de estar muy centrado en ese aspecto de la canción. Reflexionando sobre ello, llegamos a una conclusión: aparte de la enorme calidad de sus músicas, las letras de Pocoví, que tienen valor propio por sí solas, están tan bien integradas en la melodía, que llegan al oyente de una forma muy natural. Eso mismo ya habla de la calidad de las mismas.

JD: Claro, pero en tu disco sí se ve bastante de música brasileña y afroamericana, aparte de otros estilos. No siendo eso Silvio, ni los Beatles ¿cómo llegaste a esas músicas?

JP: Tenía un amigo que decía a cualquier cosa: "Eso es un submundo". Como que te metes y se van abriendo pestañas y es infinito. Por aquel entonces, que serían los principios de los '90, hubo como una explosión de los cantautores en España, que desde entonces no ha habido otra. Salió Pedro Guerra y salió Javier Álvarez, dos músicos que me encantan. Yo llegué a la música brasileña por Pedro Guerra. Me gustó mucho porque tenía mucho de Silvio y también mucho de los Beatles. Es decir, tenía mucho de Silvio y tenía mucho de levantarte y moverte. Y tenía cosas rítmicas que hacía con la voz... Porque de Silvio, yo recuerdo que cuando lo descubrí yo empecé a tocar sacando de oído las canciones de él. Y con Pedro Guerra me pasó parecido. Y dije, "¿esta historia de dónde viene, esta historia rítmica?" Y llegué a la música  brasileña. Y con la música brasileña llegué a Caetano, a Gilberto Gil, a Joao Gilberto... Por aquél entonces salió (Jorge) Drexler, que también tenía mucho de música brasileña. Y a la vez entraban muchas cosas. Música americana como Stevie Wonder, The Police... Muchas cosas. Lo que digo, se van abriendo pestañas y vas aprendiendo a escuchar y te vas quedando con cosas de todo lo que oyes.

JD: ¿Y estás ahora mismo cómodo con los estilos que estás tocando? ¿Crees que vas a seguir por ahí o te gustaría moverte por otro lado?

JP: El hilo conductor de mis canciones, realmente, son las letras. Uno mama de muchas fuentes y todos los temas tienen algo en común... Nunca me he planteado: "Voy a ir por esta línea o voy a ir por esta otra..." Creo que por el momento voy a seguir como hasta ahora y a lo mejor al final sí que encuentro como un estilo propio o algo así, pero de momento voy a seguir experimentando. Como tampoco tengo una compañía detrás que me diga cómo tengo que hacer las cosas, tengo bastante libertad en ese sentido.

Se le antoja al entrevistador que ese estilo propio ya existe. El mérito consiste en mezclar esos sonidos brasileños o afroamericanos, además de las otras influencias que se pueden apreciar en el disco (el tumbao de 'Ella sabe'... ), y crear un sonido de conjunto a lo largo de las once canciones que componen el mismo.

JD: Hasta ahora hemos estado hablando de música brasileña o música norteamericana y estos son estilos que pertencen a culturas musicales de fuera de nuestro país, aunque nosotros los escuchemos mucho. ¿Eso te ha generado algún dilema en el plano creativo, en el sentido de si debieras buscar a lo mejor más cosas locales?

JP: Ahora que lo dices, últimamente sí que le estoy dando bastantes vueltas. Hemos estado hablando de influencias, pero no te he hablado de copla, de música española, de flamenco. Y es algo que tengo desde pequeño, por lo que te he dicho antes de que mi madre canta copla. Y últimamente sí que me he planteado "¿Por qué no meto algo de esto?". O, más que meter, ¿por qué no lo dejo salir? Porque es algo que pienso que está dentro. A todos nos pasa en España que vives el flamenco, o la canción española, y quieras que no, como que nos toca algo dentro que no nos puede tocar otra cosa. Lo llevamos casi en los gérmenes, como dice un amigo mío.

"Creo que sí que es bueno mirar hacia adentro y agarrar un poco de tus raíces. En eso estoy ahora"

JD: Lo que pasa es que, a la hora de tocar una música, tendemos más a aprendernos canciones extranjeras, que canciones de aquí. A lo mejor para dar ese salto, primero hay que pasar por ese proceso de aprenderse las canciones españolas a la guitarra, las letras... Estudiarlas un poco de esa forma. Por eso quizás no nos sale tan fácil como lo otro, ¿no?

JP: Yo creo que todos tendemos un poco a valorar más lo que viene de fuera. Y en España creo que sabemos mucho de eso. Yo creo que también me ha pasado eso. Como que lo de aquí lo daba un poco por sentado y lo que te sorprende es lo nuevo, lo que oyes de fuera. Pero sí que es cierto que lo que oyes de fuera te llega tanto porque está muy enraízado en algo, como en el caso de la música brasileña, o la música americana, o cubana. Y creo que sí que es bueno mirar hacia adentro y agarrar un poco de tus raíces. En eso estoy ahora. Dándole vueltas a esa historia.

JD: Luego decides hacer el disco. ¿Qué te impulsa a ello?

JP: Me impulsan amigos. Yo tenía el proyecto de hacer el disco, tenía un montón de repertorio, pero como que no me animaba, porque era una movida muy grande. Porque si lo hacía lo quería hacer bien, estaba cansado ya de maquetar, de mover cosas. Y de hecho los amigos me dejaron la pasta para hacerlo. Y lo hice, me ilusioné mogollón con el proyecto y pienso que quedó bastante guay. Hubo bastante gente detrás. Y de hecho, yo estaba trabajando en un taller de mecanizados y lo dejé porque decidí intentarlo. En aquél entonces podía hacerlo. Estuve moviendo el disco y tenía mucha fe en que fuera a algún sitio, aunque fuera con una compañía pequeñita, pero pensaba que sí que podía tener su público. Al final he vuelto a currar en el taller de mecanizados... porque la cosa está muy mal. En Valencia está fatal, y no sé cómo estará en Madrid, en los demás sitios... Igual de mal, ¿no? 

De hecho, no he tocado en Madrid todavía. Una de las veces que fui a Madrid a ver a amigos, cogí discos y me dí una vuelta por salas como Búho Real o Libertad 8, para ver si me salía algún bolo. Simplemente por el placer de tocar allí y porque me apetece tocar por allá. Y no lo conseguí. De hecho hablé con el chico del Libertad 8, con el dueño, y me dijo "Claro, es que tú eres de Valencia, no tienes aquí gente, yo tengo que pagar a los camareros..." Es una putada, lo puedo entender, pero yo no puedo irme a Madrid a vivir para buscarme la vida. No estoy en ese punto ahora, estoy en otro. Curiosamente, se puso en contacto conmigo un chico que me había escuchado en el Libertad 8, porque el disco que dejé, lo pusieron. Por lo visto lo ponían de vez en cuando... ¡pero yo no podía tocar allí! La verdad es que el mundo está un poco loco.

JD: ¿Entonces, el disco lo has podido tocar mucho?

JP: Lo he tocado bastante por aquí, con Roberto Moreno a la batería. Natxo Tamarit estaba antes conmigo tocando el bajo eléctrico, ahora está Xavi Alamán. Y sí que hemos tocado bastante por aquí, lo que pasa es que el circuito aquí es bastante pequeño. Y una vez lo quemas... Y no sé, tampoco quiero reventar el poco público que tengo.

JD: ¿Te ha resultado difícil tocar el disco en directo, ya que la grabación tiene mucha instrumentación, una banda muy potente detrás? ¿Te ha resultado difícil trasladarlo al directo?

JP: Pienso que no, porque los temas están paridos a guitarra, con un arreglo de guitarra. Los arreglos están hechos partiendo de una base de guitarra, bajo y batería, y todo lo demás se añadió después. Tocar el disco en directo a trío es un poco tocar el esqueleto del disco. Es el mismo tema, pero sin todos lo adornos.

JD: Te resulta natural...

JP: Sí. Hombre, sí que hay temas que a lo mejor no te suenan igual, o que estás más acostumbrado a escucharlos con la programación, con arreglos de metales, que los hizo David Pastor, brutales. En el tema de 'Todo el mundo bailó', por ejemplo. Y en algunos temas sí que se hace un poquito raro, pero son los menos.






JD: ¿Cómo surgieron las colaboraciones que hay en el disco de Boris Larramendi y de Javier Ruibal?

JP: Lo de Boris, yo ya lo conocía y me apetecía un montón, porque soy muy fan suyo, así que estuve dándole vueltas y buscando el sitio donde lo pudiera meter para que grabara. A Ruibal yo lo conocía porque me había presentado en un bolo suyo que hizo aquí, en Valencia, y le di una maqueta mía. Yo ya me había olvidado de aquella historia y me llamó un amigo al cabo del año, o año y pico, y me dijo que había leído una entrevista de Ruibal en la que me nombraba. Yo me quedé bastante alucinado. Entonces leí lo que había dicho y en aquél entonces estábamos preparando la grabación del disco, y dije, ¿no se enrollará y grabará algo? Entonces me puse en contacto con él por el Myspace, el gran Myspace, y me dijo que sí, que encantado. La verdad es que fue un subidón. Le mandé las pistas y lo grabó allí.

JD: Hay que atreverse ¿no? Porque a lo mejor te planteas que es un músico al que admiras y que nos es fácil que quiera colaborar contigo.

JP: Yo creo que sí, porque en realidad es una persona normal y corriente. Al final cuando estás en este mundillo y conoces a mucha gente, te das cuenta de que hay músicos brutales y creadores alucinantes que no se están comiendo nada, que son gente normal, y que hay verdaderos bodrios que están vendiendo cientos de miles de discos. Entonces, como que se te caen ese tipo de ideas. El artista al que admiras es una persona normal. Tú te pones en contacto con él, se lo propones, y ya te dirá él algo. No tienes por qué pensar que lo que estás haciendo tú es peor de lo que hace él, aunque muchas veces sí que lo pensemos. Y muchas veces yo cuando tengo delante a alguien que admiro me quedo cortado, pero creo que hay que tener claro que no, que son gente normal. De hecho, fíjate que yo, que soy un mierdecilla, en algún bolo se me ha acercado alguién que notabas que se ponía nervioso porque te quería decir algo. Y entonces te das cuenta de que es todo un circo y de que es mentira. De que son gente, que son creadores, músicos, y que si les apetece lo harán y si no, no.



"No interesa cierto tipo de música porque se piensa que no va a vender. Y luego a lo mejor sí que vende. Mira a Manolo García"



JD: Respecto a lo que dices del panoramo musical, ¿por qué crees que es así, que hay tanta gente mala vendiendo mucho y tantos buenos creadores escondidos?

JP: Eso es muy largo. Hay un libro que no me he leído, pero me quiero leer y del que estuve oyendo la entrevista al autor en Radio 3, con el que estoy de acuerdo. Se llama Puño Invisible, no recuerdo el nombre del autor, pero sé que es un autor mexicano -el autor es Carlos Granés- y habla un poco de cómo el arte y la cultura han influenciado a la forma de vida. Habla del dadaísmo y de muchas cosas. Yo creo que hoy en día somos víctimas de toda una ola que hubo de libertad, que por un lado es brutal y está de puta madre, pero por otro creo que hay como un desenfreno en la gente y como múchísima necesidad de divertirse y de ser feliz. Tú pones la tele y todo es color... acaba rayando la estupidez muchas veces. Porque la vida a veces es eso, pero a veces no. Y yo creo que ha pasado eso en la música y en el arte en general. Como que se está convirtiendo en entretenimiento simplemente. Y está bien bailar y está bien que sea entretenido, pero creo que el arte no puede ser sólo eso. Entonces, en mi opinión, a nivel de compañías de música lo importante es que las cosas vendan. Un poco el modelo americano de coger algo, explotarlo y cuando ya no funciona tirarlo a la basura. Hay pocos artistas de carrera realmente, que aguanten más de dos o tres discos hoy en día. Y creo que pasa eso, que se valoran cosas como muy efímeras. Entonces la canción que busca algo más, que busca algo nuevo, que no suena a lo de siempre, no sé si decir que hace pensar, o que tiene una estructura que no es sota, caballo y rey, pues no interesa. A lo mejor porque se piensa que no va a vender. Y luego a lo mejor sí que vende. Por ejemplo, mira a Manolo García, los temas que hace. No tienen una estructura comercial, digamos. Sin embargo, tiene su público y yo supongo que su compañía está súper contenta de tenerlo. Aunque creo que ahora está con su propia compañía, pero bueno. Hay gente que funciona muy bien. Santiago Auserón, Juan Perro. Tiene un público más reducido, no vas a vender cuatro millones de copias, aunque tampoco las venda nadie hoy en día. No vas a ser un gran boom, pero su compañía va a tener un artista que le está funcionando, que le está vendiendo discos, que está haciendo bolos... Entonces pienso que esta forma de hacer las cosas es un error y que se debería apostar más por la carrera de los artistas, que por buscar esa cosa explosiva que se apague y luego ir a por otra.

JD: ¿Sería entonces un círculo en el que las compañías deciden cuáles son los artistas que se venden, esos artistas a su vez influyen en el gusto de la gente y esa gente, para cerrar el círculo, condiciona lo que venden las compañías?

JP: Sí, es un poco el huevo y la gallina. De eso he hablado con muchos amigos. ¿Realmente quién tiene la culpa en la crisis que estamos viviendo a nivel cultural? ¿Quien demanda el producto o quien lo está ofreciendo?

JD: Si esos artistas influyen en el gusto de la gente, ¿crees que influyen también en la forma de pensar? ¿Crees que el hecho de vender productos muy fáciles influye en el pensamiento de la gente, del público masivo que consume esos productos?

JP: Pienso que sí. Pienso que son las dos cosas. Y también el pensamiento del que te estaba hablando antes, no sé si llamarlo hedonista, y de buscar la inmediatez y la diversión. Eso influye también en lo que se ofrece. Creo que es un círculo vicioso.


"La música influye en la gente. Te metes en su casa y en su modo de pensar"


JD: Desde es punto de vista se podría decir que los artistas sí que influyen, a través de sus canciones, en el pensamiento de la gente.


JP: Claro que sí.

JD: Y en eso incluyo a artistas que hacen canciones de temática social. O sea que sí que tendría un sentido hacerlo, porque aunque llegue a menos gente, sí que puede influir en las personas. ¿Es así?

JP: Sí, porque a mí me han influido.

JD: Eso es interesante, porque hay músicos que piensan que no se influye, que es un producto diferente al masivo, pero no se llega a influir realmente en la sociedad. La sociedad sigue su curso por otro lado.

JP: Pero es que la sociedad también es la música que oye la sociedad y lo que come la sociedad. La sociedad son las personas que se tumban en la cama y se ponen música. Esa es la sociedad,  realmente. Y te estás metiendo en su casa y te estás metiendo en su modo de pensar, a no ser que digas 'baila, morena, baila'... Y también estás influyendo. También estás enseñando a no pensar. Pero sí, claro que sí. Todo influye.

JD: ¿Tú cómo ves ahora mismo tu carrera? Has grabado un disco. Tienes todos los que quieras por delante. ¿Qué esperas de tu carrera, cuáles serían tus deseos?

JP: A mí me gustaría poder hacer los discos que me apetezca hacer. Creo que no soportaría que alguien me dijera "Tienes que hacer un disco así". A lo mejor si estuviera comiendo sólo de eso, no sé qué haría si me viera en la tesitura de 'si no hago esto me quedo sin compañía y me quedo en la calle'. No creo que pasara por ahí, pero no lo sé. Y me gustaría tener un pequeño público que permitiera mantener esa forma de vida. Salir, tocar aquí y allá... No me hace falta que sea un gran público, ni mucho menos. Y ya está, no quiero más, porque el resto creo que es humo. Pienso que lo que queda al final son las canciones y las cosas que haces. Lo demás, como tampoco depende de uno...

JD: ¿Y cómo ves el panorama musical para que eso llegue a ocurrir?

JP: No sé. Está difícil, pero, realmente, ¿cuándo no ha estado difícil?. Porque ahora, por ejemplo, es muy fácil grabar un disco. Hace veinte años era casi imposible grabar un disco. Tenías que irte a un estudio y te costaba una millonada. Hoy en día, casi te lo puedes hacer en casa si tienes un poco de material y sabes algunas cosillas. Hoy en día es fácil, lo que pasa es que claro, tienes cuatrocientosmil discos. Todo el mundo graba discos. Entonces, no creo que esté ahora más difícil que antes. Creo que lo que más funciona es, lo primero, hacer algo que valga la pena. Que valga la pena subirse al escenario para ofrecérselo a la gente. Que te lo creas. Que seas sincero con lo que haces, porque, llegues arriba o te quedes donde estás, tiene que merecerte la pena el hecho de subirte al escenario a ofrecer eso. Pienso que el camino es ir tocando, ir haciendo bolos, y si realmente haces algo chulo y que a la gente le llegue, poco a poco con el boca a boca irá funcionando.

Tras la entrevista tenemos el privilegio de que Jonathan nos toque a la guitarra los temas que formarán parte de su nuevo disco. Con canciones así, desde luego, el boca a boca tiene que acabar funcionando.

Jonathan Pocoví: www.myspace.com/jonathanpocovi

Monday, 15 August 2011

Julio Fowler. El reto de hacer canciones.



Julio Fowler




Entrevista a Julio Fowler. 

29-07-11

Nos reunimos con Julio Fowler en un bar detrás de la Puerta del Sol y charlamos sobre su carrera y su forma de enfocar la música. De camino, conocemos algunos datos más sobre él. Lleva ya 13 años en España donde dice que sintió una conexión inmediata con el ambiente y la gente de nuestro país. Julio Fowler ganó este 2011 el premio Cubadisco (el equivalente al Grammy cubano) por su disco Utopías (Factoría Autor, 2009), algo extraordinario para un músico cubano que no viva en la isla. Utopías es el tercer disco de su carrera y más recientemente ha producido y compuesto las canciones de Todo puede ser (2010), el primer disco de Lucía Echagüe, estupenda vocalista argentina.

JD: Respecto a Todo puede ser, de Lucía Echagüe, podría decirse que tiene mucho de tu identidad como músico, ¿Cómo surgió la idea del disco y el contacto con Lucía Echagüe?

Julio Fowler: Lucía vive en Lisboa y ahí yo tengo un amigo que es un excelente pianista, Victor Zamora, que se enteró de que ella estaba buscando canciones para hacer un disco, así que Victor le habló de mí. Ella me contactó por myspace, donde yo tenía colgadas algunas canciones, sobre todo de mi segundo disco, Buscando mi lugar (Factoría Autor, 2006). Yo le hablé de la posibilidad de que lo produjera conmigo y que estaba encantado de darle las canciones ‘gratis’. Hay compositores que prefieren guardarse las canciones para gente que vende más, pero esa no es mi mentalidad. A ella le gustó la idea de producirlo conmigo y reunió un dinero que tenía, que siempre es un esfuerzo tremendo -yo conozco eso porque también mis discos los autoproduzco yo. Y así surgió el disco, con diez canciones mías. La producción ejecutiva es de ella y la producción artística es mía y de José Mestre, que también ha trabajado como productor en mis dos discos anteriores. Él es un músico cubano, emigrante como yo, que vive aquí y que a trabajado con (José) Mercé; ahora está trabajando con El Bicho...

JD: ¿Tú ya habías producido discos de otro?

JF: No, solamente los míos. He colaborado en los discos de muchos artistas aquí en España desde que llegué, pero es la primera vez que produzco un disco para otro artista.

JD: ¿Las canciones estaban ya compuestas o las compusiste a raíz de tu contacto con Lucía?

JF: Algunas sí  estaban compuestas, otras estaban a medio hacer y otras las compuse directamente para ella. Yo siempre tengo un banco de letras y de melodías pendientes. Me grabo casi todos los días, alguna melodía que me sale, y cuando me siento a trabajar la voy madurando, la  voy haciendo. Miro en el banco de letras que tengo, cuál puedo desarrollar con esa música y voy empastando cosas. Ése es más o menos mi método. Excepto cuando una melodía aparece de noche, me levanta  de la cama y nace de principio a fin. Eso me ha pasado con dos o tres canciones, que yo llamo ‘canciones inspiradas’. Las vas cantando, las vas cantando… y te tienes que levantar a la hora que sea para terminarlas.

JD: ¿Cómo vives el proceso de ‘entregarle’ tus canciones a otra persona, que imagino que luego las hace suyas también?

JF: Bueno, a mí me están cantando mis canciones desde el año '95 o ’96. Primero mis colegas intérpretes allá en Cuba, que me pedían canciones para cantarlas luego. La primera canción mía que vi en un disco fue cantada por un cantautor brasileño que se llama Nilson Chaves, que ha estado nominado a Grammys Latinos. Luego he compuesto para artistas como Marta Sánchez o Nuria Fergó, además de otros artistas latinos, con lo que ya había escuchado mis canciones en la voz de otra gente. Con Lucía, lo interesante fue producir yo mismo esas canciones, algo que no había hecho antes.

 "Las armonías que yo utilizo son armonías jazz y armonías brasileras. También armonías del ‘filin’ cubano." 

JD: ¿Eso hizo que el resultado final se acercara más a la idea original que tenías de esas canciones?

JF: Sí, pero a ella le venían muy bien mis canciones. Cuando uno produce, uno intenta no sólo ser honesto con el background musical que uno trae, sino también conjugarlo con que ese estilo musical que tu manejas le sea propicio a la artista. Fue un proceso de encontrar un concepto en el que ella se pudiera sentir cómoda y pudiera fluir. Cada arreglo es vestir la canción… Las canciones yo las hago a guitarra, y a piano en algunos casos, pero luego empiezas a arreglar la canción y a buscarle un vestido para hacerle un guiño a un mercado en el que esa canción pueda fluir. Ese es un proceso muy bonito y en el que nos metimos Lucía y yo con Mestre. En ese sentido fue novedoso y muy interesante para mí.
 
JD: Parece que en este disco hayas trabajado más un estilo soul, mientras que en la música que tocas tú quizás hay más sonoridades cuabanas y de otros estilos…

JF: Bueno, todo lo que yo hago es una melange, mi música es muy heterogénea. En Cuba dicen que es ‘trova-fusión’. Yo no dejo de ser un trovador, que en Cuba es el equivalente al cantautor, pero un trovador que fusiona con aquéllos códigos o sensibilidades musicales que son afines a mis raíces, ya sea el soul, el rythm-and-blues, el jazz, la música brasilera… De hecho, las armonías que yo utilizo son armonías jazz y armonías brasileras. Y armonías del ‘filin’ cubano, que es un movimiento musical que se mezcló con el jazz. La Nueva Trova me inspiró mucho desde el punto de vista lírico y poético, pero desde el punto de vista armónico y musical yo tengo un vínculo muy directo con el ‘filin’. Eso también está en el disco de Lucía. Hay elementos también rítmicos cubanos, del son, del cha-cha-cha, de la rumba. Yo lo llamo del ‘complejo afrolatinoamericano’.





JD: ¿Cómo fueron tus primeros contactos con la música afronorteamericana?

JF: Desde niño. Mi padre tenía un tocadiscos y ponía mucho a Nat ‘King’ Cole, Jonny Mathis, los Beatles… Escuchaba a Benny Moré, el ‘filin’ cubano -mi padre era un enamorado de Elena Burke. Mi madre era más rural, viene del campo y de ahí me viene la posibilidad de conocer las guajiras, de conocer el punto guajiro cubano… Si te fijas, yo mezclo guajiras con bulerías. Y luego, la Cuba prerevolucionaria era una Cuba más americanizada y siempre hubo una identificación de buena parte de los cubanos, por vínculos familiares, etc., con los Estados Unidos. Nosotros teníamos las antenas de niños e intentábamos escuchar las emisoras del norte, el rock que venía del norte … Porque  en Cuba no había una industria del disco, que sí había sobre todo en la época pre-revolucionaria, entonces a través de la radio escuchábamos los ‘hits’, las bandas, los solistas del momento, y el vínculo con la música nortemaericana fue bastante cotidiano, a pesar del bloqueo.

"Yo, como cubano, soy hijo del mestizaje, no sólo desde el punto de vista étnico, sino también cultural."


JD: Debido a la fuerza que tiene la música cubana debe de ser difícil encontrarse en la isla con grupos que se dediquen a un género distinto y que no introduzcan algún elemento de la música cuban, ¿no? Por lo menos aquí no nos llegan esos casos.

JF: Cuba es un país con una cultura sincrética. Todo lo mastica, lo mezcla y lo metaboliza. Y yo vengo con esa impronta, soy hijo del mestizaje, no sólo desde el punto de vista étnico, sino también cultural. Casi todo el movimiento trovadoresco cubano, incluyendo el posterior a mi generación, asimila influencias. Cuba es un país muy abierto en ese sentido, curiosamente. Entonces es muy difícil ver a grupos, sobre todo jóvenes que vivimos aquí en España, que utilicen la raíz criolla de de la música cubana en estado puro. Casi todo el mundo ha escuchado el flamenco, la música sinfónica, música popular comercial… Pero lo bueno que tiene cuba es que tiene una raíz y esa raíz hace de plataforma, de base a partir de la cual alimentar esa misma raíz. Por eso el movimiento musical cubano es híbrido y sólo te puedes encontrar grupos haciendo música tradicional cubana muchas veces debido a que el mercado europeo de world music exige una fuerte presencia de las raíces, pero en mi caso no es así.

JD: Volviendo a la música norteamericana, el soul… ¿cuáles son los artistas que más te han influido?

JF: Bueno, en la música anglosajona en general me gusta mucho Sting, me gustó mucho Peter Gabriel, U2, sobre todo su poesía… A través de mi padre tuve la suerte de escuchar mucho a Marvin Gaye, por ejemplo, a Stevie Wonder, todo el 'funky' de James Brown, de Prince… Como todos los chavales, también escuchaba la música comercial. También escuché a Michael Jackson, desde luego, aunque no era alguien que me influyera. Doobie Brothers… Aunque yo siempre he buscado el compromiso. Por eso, cuando surges del movimiento de canción de autor  Nueva Trova de Silvio (Rodríguez) y Pablo (Milanés), de quienes yo empecé tocando su música, tienes un compromiso no sólo con la música, sino también con la letra, con la actitud ante la vida. Por eso a mí me fascina John Lennon. Hay una canción del disco Buscando mi lugar que se llama ‘Sueños’ y que de alguna manera es un homenaje a Lennon. Me gustan aquellos artistas que tienen un compromiso social. No concibo mi música si no está haciendo un planteamiento, mirando detrás de la superficie que nos venden. De hecho, en Cuba mi música era contestataria, yo cuestionaba el régimen cubano. Por eso era de la ‘Generación de los Topos’, la generación ‘underground’ a la que no le dejaban espacio. Mi música fue censurada porque cuestionaba el establishment.

JD: Ver ahora que se reconoce tu música en tu propio país debe de ser hermoso.

JF: Si, y también una sorpresa. Además, se reconoce la que yo he hecho fuera del país. En Cuba yo nunca hice un disco, nunca me lo permitieron. Yo era un artista censurado, un artista ‘majadero’, como dicen ellos, que no sólo era crítico con sus canciones, sino además, con su actitud, porque yo pertenecía a la intelectualidad más crítica que hubo en ese país, sobre todo en los años '80. Y como yo vengo del teatro, porque fue lo que estudié, con la poesía y la literatura, eso me hizo tener las antenas bastante levantadas y siempre me metí en cuanto jaleo que cuestionase el establishment dictatorial. Siempre estaba ahí, en movimientos literarios, culturales: Paideia, el movimiento Arte Calle, el movimiento HACER... y eso hizo que fuera un sujeto incómodo y, por lo tanto, fichado, y mi labor como artista y como intelectual, bastante torpedeada.

JD: ¿Qué músicos hay actualmente en Cuba que estén saliendo con fuerza?

JF: Carlos Varela, de siempre, pero sobre todo a mí me gusta mucho X Alfonso, que hace una especie de rock con raíces, todo muy híbrido: rock, funky, hip-hop y está haciendo una crítica muy interesante, a la vez que hace, dicho entre comillas, una defensa de la ‘identidad cubana’. Es un artista que tiene un planteamiento, no sólo musical y sonoro, sino también visual. Ese es el que me parece más impactante y notable, ahora mismo. Y luego el movimiento de canción que siempre hubo en Santa Clara, que se llama la ‘Trovuntivitis’, que es de donde yo vengo y junto con Carlos Trova fui de los que empezamos toda esa historia, y es un movimiento que rescata la canción lírica cubana , que sigue teniendo un vínculo con la tradición trovadoresca cubana y donde hay artistas como Roly Berrío, Yaíma (Orozco), a la que conocí el otro día y que es muy buena compositora… También me gustaría destacar un movimiento de hip-hop muy fuerte, muy potente y que hace una crítica bien cruda del régimen, entre los que quiero resaltar a Los Aldeanos.

JD: Por último, es muy difícil escuchar hoy en día música realmente innovadora, sin embargo siguen haciéndose canciones que nos pueden emocionar. Como oyente, ¿qué es lo que consigue emocionarte de la música nueva que te llega?

JF: La música es un lenguaje. Cuando la música está hablando un lenguaje que es conocido, que es reiterativo y no me dice nada, desde luego ese lenguaje no me emociona. Pero cuando ese lenguaje empieza a explorar caminos y a encontrar códigos, claves, a explorar nuevas combinaciones sonoras, armónicas y melódicas, entonces esa es la música, o el arte en general, que logra emocionarme. No el arte que se recrea en el acto de explorar por explorar, sino un arte y por tanto una música, que abre el sonido hacia nuevos horizontes, porque habre una puerta, una posibilidad. Yo mi relación con el arte y con la vida la veo así, abriendo puertas, abriendo posibilidades. No para escapar de malestares, de neurosis, de crisis, sino porque creo que es consustancial a la naturaleza humana continuar abriendo puertas, evolucionar  asaltando lo imposible y convirtiendo lo imposible en posible. Ese es mi compromiso con la música y como comprendo el arte. Trato de buscar  armonías no facilonas, sino armonías que logren captar la atención de la gente. Yo puedo hacer una canción utilizando los códigos de la comunicación, los que yo sé que la gente ya sabe, pero prefiero apostar por una música y un arte, en sentido general, que abra puertas hacia otros caminos y que permita tocarle el corazón a la gente, vislumbrar aquellas cosas que no se saben, que no se conocen y que están ahí. El arte lo que hace es depertar de alguna manera el corazón de las personas y ese es mi camino.

Oyendo las composiciones de Julio Fowler, las palabras con las que termina esta entrevista se entienden perfectamente. Le comentábamos que en ciertas ocasiones su música tiene un toque casi experimental y hablando de la tradición musical cubana nos decía lo siguiente:Ten en cuenta que cuando un cubano se pone a escribir canciones, antes de él tiene a maestros como Sindo Garay o Cesar Portillo de la Luz y eso te plantea un reto muy grande”. Julio acepta ese reto y, a su vez, lanza al oyente su propio desafío.

Lucía Echagüe: www.luciaechague.com